El Financiero
16 de marzo de 2007

Hoy no existe otra realidad que la de los mass media: Subirats
Juan José Flores Nava

La soledad es la condición sine qua non de todo pensamiento, de toda creación. Para el filósofo, la soledad no es una condición negativa. Porque el filósofo es un solitario. Tanto, dice Eduardo Subirats, que el verdadero gran amigo del filósofo es su propia sombra.

Nacido en Barcelona, España, en 1947, Subirats es actualmente profesor en la New York University. Ha venido a México, entre otras cosas, a presentar un par de obras: Contra la tortura -un libro de ensayos en el que colaboran, además de Subirats, Pilar Calveiro, Carlos Castresana, Rita Laura Segato y Margarita Serge- y La existencia sitiada. Ambos trabajos, publicados por la regiomontana Editorial Fineo, ya están en circulación.

En entrevista con EL FINANCIERO, Eduardo Subirats -un hombre alto, delgado, de finos cabellos rubios- se detiene ante cada pregunta, guarda silencio, reflexiona, y luego crea una larga respuesta, bien hilvanada; hasta parece que intenta medir con precisión todas las puntadas del bordado que configura sus ideas. Durante la charla viste un traje blanco, impecable, que literalmente deslumbra ante los embates del sol en la terraza de un hotel en el Centro Histórico. Un traje que contrasta al extremo con su "libro negro", término con el que el propio Subirats se refiere a La existencia sitiada. No sólo por el color negro de su encuadernación, sino también por el negro panorama que su contenido ofrece del presente.

-Es un libro negro -dice Subirats- porque contemplo hasta su extremo más radical el poder de los mass media, la tecnología de destrucción masiva moderna y la colonización biológica. Pongo de manifiesto, precisamente por esa radicalidad, la necesidad de un cambio, pero de un cambio real.

Y ese cambio comienza desde la manera en que Subirats plantea las cosas. Por ejemplo, le da la vuelta a ese vetusto concepto de la manipulación que ejercen los mass media sobre los individuos -concepto que tuvo su razón de ser y su relevancia el siglo pasado- para advertir, ya en el preámbulo de la obra, que los sistemas y redes electrónicos de comunicación han adquirido una nueva dimensión ontológica y antropológica, pues, escribe, "su función no reside en la manipulación de la conciencia, sino en la producción de realidad". Ya en la charla habla de un cambio histórico en la concepción totalitaria y tradicional de poder, pues éste se entendía como la capacidad de censurar ciertas opiniones, actitudes y acciones sociales. Hoy, el ejercicio totalitario del poder anda por otros senderos.

-Por ejemplo -dice Subirats-, antes el dictador censuraba al sindicalista que hablaba sobre las condiciones de los obreros y la necesidad de hacer una huelga. Hoy, formalmente todas las sociedades son democráticas y no existen formal ni jurídicamente mecanismos legales para hacerle callar la boca a este sujeto que protesta por las condiciones infrahumanas en que está. Pero el poder tiene otros recursos: el día en que este señor quiere hacer su declaración, pone al lado un partido de futbol. Y, sin duda, la gente mirará el partido. El poder puede decir entonces: "No, no. No lo hemos censurado. Somos democráticos. Puede decir lo que quiera. Pero yo también puedo enseñar cualquier cosa." Ése es el cambio. Otro ejemplo: el poder no va a decir que han muerto 650 mil humanos en Irak, pero tampoco lo va a negar. Va a decir que no lo sabe mientras muestra fotografías de los jardines de la zona verde de Irak, donde están niños jugando a la pelota tan tranquilamente sobre céspedes tan bellos como los que hay en Londres. Éste es el tipo de configuración de realidad que hoy define el diseño de los mass media audiovisuales

"Ver", escribe Subirats, se ha convertido en un estado de distracción visual y percepción prerreflexiva construido por el sistema de comunicación electrónica. La aceleración y fragmentación informativas construyen y diseminan "paquetes de realidad" programadamente ilegibles. En la pantalla, continúa, desaparecen técnica y estéticamente los marcos sociales, políticos o culturales de lo que resulta enteramente imposible comprender en sus dimensiones más amplias un conflicto social, la cita de una catástrofe o el videoclip de un campo de batalla.

-Tradicionalmente -dice ahora Su- birats- es el arte el medio en el cual podemos educar nuestros ojos, nuestra mente y nuestro espíritu para profundizar y comprender visualmente la realidad. No cabe la menor duda que si uno lee la visión de Goya de la guerra napoleónica en España queda algo muy profundo porque el dibujo de Goya es capaz de mostrar muchos aspectos de la guerra, de la desesperación, del dolor, de la incertidumbre, de la muerte. Ahí hay una visión entera. Si alguien se educa en esa visión siente una gran diferencia entre este discurso y el de CNN, que todo lo banaliza en datos. Pero ahora resulta que ni siquiera en las universidades de Estados Unidos se enseña a leer profundamente una obra de arte; al contrario, la obra de arte se transforma en "estudios culturales" y se dice que no es necesario leer la obra en su totalidad, sino ver en ella determinados problemas. Por ejemplo, la representación del género en los anuncios de la cocacola o la representación del multiculturalismo en la guerra de Bush. Ése es el nivel. Es un nivel artificialmente creado por la academia, que sostiene que el arte ha muerto, lo cual es mentira, el arte es consustancial con nuestra existencia. Por otro lado, se dice que sólo hay que ver lo que nos enseña CNN. Mentira. La realidad no es CNN. Con todo ello se pretende una negación de la experiencia. Hoy parece que "experiencia individual" es igual a delirio, realismo mágico. Sólo existe la realidad, y no existe más realidad que la realidad de los mass media. Eso es lo que define el nuevo dogmatismo y el nuevo totalitarismo del mundo postmoderno.

-Escribe usted, citando a Niklas Luhmann: "No podemos conocer otra realidad que la realidad de los mass media."

-Deja te digo un secreto: hay en esto un juego en el que me meto con el Islam, que repite en sus oraciones: "Sólo hay Alá y no existe otro Dios que Alá." Yo lo he convertido en: "Sólo existe la realidad de los mass media y no existe otra realidad que la realidad de los mass media.