Notas de Extravíos de la antropología mexicana




Reforma
Contradice tesis de Florescano y León Portilla. El especialista alemán denuncia las contradicciones de la antropología mexicana.
7 de febrero de 2007

Por Érika Pérez Bucio

Si los españoles del siglo 16 se horrorizaron ante los sacrificios humanos practicados por los aztecas, los antropólogos mexicanos se han encargado de minimizar su importancia, a pesar de que ocupaban un lugar central en la sociedad prehispánica, afirma el antropólogo alemán Horst Kurnitzky. Asegura que en la exposición Aztecas, que recorrió museos de Londres, Bonn, Berlín y Roma en 2002 y 2003, se descarta el papel esencial del sacrificio humano en la cultura azteca. La antropología mexicana no se da cuenta de que las sociedades prehispánicas se basan en el sacrificio, lo ven como algo accesorio y no como parte central de su religión.
Un colega antropólogo de la UAM me decía: no queremos descender de caníbales y si aceptamos el sacrificio como fundamento, entonces descendemos de caníbales. Pero todas las culturas de la antigüedad, la egipcia, la griega, también se basan en el sacrificio, entonces, ¿cuál es el problema? En Extravíos de la antropología mexicana (Fineo), el filósofo examina de manera crítica la forma en que antropólogos e historiadores han estudiado las culturas prehispánicas.
Es una crítica al método de la antropología, veo sus contradicciones y cómo carece de una posición crítica, asienta. Observa, por ejemplo, cómo la antropología y la historia durante el siglo 20 no buscaron aproximarse científicamente al pasado, sino elaborar una mitología nacional, con un pasado único y valioso que cohesionara a la sociedad en torno a un Estado nación y a un partido político, el PRI.
Usan solamente la antropología como fundamento para el nacionalismo mexicano, advierte. Por ese nacionalismo, se exaltan lenguas, usos y costumbres, festividades e indumentarias, pero paradójicamente se evita hablar sobre los sacrificios y la sexualidad prehispánicos. Kurnitzky sostiene que los historiadores y antropólogos mexicanos deben abstenerse de tomar los mitos como una verdad histórica.
La épica es un problema y por eso hago una crítica a (Enrique) Florescano que cita al mito como fuente. Los mitos hay que interpretarlos, verlos con ojos críticos y especular sobre qué historia real hay detrás.
Tampoco la ciencia mexicana, añade, se ha preocupado por criticar sus fuentes, y contradice al historiador Miguel León Portilla, quien sugiere leer los códices como una historia épica nacional.
León Portilla no ve con ojos críticos las fuentes, sostiene quien desde hace 15 años divide su residencia entre México y Alemania. El problema es saber si esos mitos eran prehispánicos o construidos en la primera época de la Colonia. Para Kurnitzky, hay razones para dudar de los relatos orales de los indígenas recogidos en los códices, elaborados bajo el cuidado de los frailes en los siglos 16 y 17, contando sólo lo que los españoles querían escuchar. Tampoco es creíble, dice, aceptar que en la lectura de esos códices se ha podido descubrir una gramática del náhuatl, ya que en su opinión se trata más bien de un náhuatl latinizado.
El ensayista duda, por tanto, de los ejemplos de poesía náhuatl que se conocen, argumenta que el metro de la versificación corresponde a la escuela europea y sugiere que son obra de un traductor de estilo romántico.

Extravíos de la antropología mexicana se presenta mañana a las 18:30 horas en la Librería Rosario Castellanos del Centro Cultural Bella Época (Tamaulipas 202, Condesa).
Conózcalo
Nombre: Horst Kurnitzky
Nacimiento: Berlín, 1939.
Profesión: Antropólogo, filósofo y escritor.
Trayectoria: Ha sido catedrático de la Universidad Libre de Berlín y profesor visitante en universidades mexicanas. Es autor de La estructura libidinal del dinero, Edipo: Un héroe del mundo occidental, Una civilización incivilizada y Zapata, entre otras obras. Ha rodado las películas El tiempo de nadie y El Eco, además de ser curador de las exposiciones Museo del dinero, en el Centro Georges Pompidou, y Muralismo mexicano, en la nueva Galería Nacional de Berlín.
Así lo dijo
La antropología mexicana está rotundamente equivocada porque no entiende la manera en que se mueven las sociedades prehispánicas. Se le usa sólo como fundamento para el nacionalismo mexicano.
Horst Kurnitzky
Antropólogo y filósofo


Tv Azteca
Presentan libro "Extravíos de la antropología mexicana"
5 de marzo de 2007

Entender la lógica interna de las culturas prehispánicas a través de su lengua es la tarea fundamental de los antropólogos de México, afirmó el investigador alemán Horst Kurnitzky, al presentar su libro "Extravíos de la antropología mexicana", el cual trata sobre los problemas metodológicos de esta disciplina.
Kurnitzky hace una crítica a la antropología mexicana, pues pone en tela de juicio que los hechos del pasado hayan sucedido tal y como se plantean en la época moderna, cuando los "antropólogos siguen interpretando a las culturas prehispánicas desde una visión occidental".
Explicó que en su texto propone una mirada crítica a los aspectos fundamentales del mundo prehispánico, a través de un trabajo serio desde el estudio y pleno conocimiento de la lengua.
El autor propone una mirada crítica sobre temas como el sacrificio humano, la representación del origen y conservación de las tribus, las relaciones propias de una organización teocrática y la relación de la figura femenina con la naturaleza.

El doctor en antropología Eliseo López Cortés comentó al presentar el libro de Kurnitzky que el texto ha generado controversias, porque busca romper, no con un paradigma, que en realidad nunca ha existido, sino con una ideología que se ha utilizado en la investigación antropológica para "legitimar un proyecto nacionalista".
Asimismo, denunció que existen en el país instituciones educativas y de investigación donde se aborda el tema de la antropología, por grupos de monolingüitas que se han dejado llevar por las "modas" que rigen los tiempos, y no se han preocupado por el estudio profundo y el manejo de la lengua vernácula.
Enfatizó que si bien existen estudios serios, son mínimos y se dan en aislamiento, pues "la comunidad científica que en realidad es una comunidad ideológica" no permite que la antropología mexicana trascienda de manera internacional con estudios serios.

Por su parte, Roberto Domínguez, maestro en Literatura, expresó que Kurnitzky hace una crítica puntual a la antropología mexicana, mientras propone a la hermenéutica como una forma de releer la historia, por medio de la lectura de los mitos, y el pleno entendimiento de las culturas prehispánicas en su individualidad, y no en su homogenización.

Domínguez concluyó que "Extravíos de la antropología mexicana" plantea la creación de una historia ficticia fabricada a partir de una ideología nacionalista, que al magnificar la historia deja entrever que algo "está extraviado, algo está oculto".


Milenio
Cuestiona Kurtnitzky a la antropología mexicana
Martes 6 de marzo de 2007

La historia de las culturas prehispánicas está contada en los códices, en las crónicas de los primeros evangelizadores y de los conquistadores, y en la mirada de antropólogos y arqueólogos que han buscado hurgar en ese pasado para comprender no sólo el presente de los pueblos indígenas, sino de la sociedad mexicana en general. Sin embargo, para el antropólogo alemán Horst Kurnitzky, el método utilizado por los especialistas mexicanos no ha sido adecuado y llama a revisar prácticamente todo lo que se ha escrito hasta el momento, bajo la premisa de que "el acercamiento a una sociedad cristiana no puede lograrse si para ello se utiliza el pensamiento budista. "La antropología mexicana ha estado dominada por nahuatlistas, como el Padre (Ángel María) Garibay o (Miguel) León Portilla, que llegan con una concepción religiosa cristiana a analizar a las culturas prehispánicas y eso no corresponde, porque ellos (los pueblos prehispánicos) no pensaban así."

En el libro Extravíos de la antropología mexicana (Editorial Fineo, 2006), el filósofo y antropólogo busca mostrar lo que define como contradicciones y carencias del trabajo que ha sido desarrollado por los especialistas mexicanos, como la creencia, desde la llegada de los españoles, de que los pueblos prehispánicos en el fondo eran cristianos pero no lo sabían. "Mi argumento central es que la antropología mexicana no busca la lógica en conjunto de las sociedades prehispánicas. Por ejemplo: todas eran profundamente religiosas, entonces no se puede hablar de educación o de economía, como lo hacen los antropólogos, sin tomar en cuenta sus elementos sagrados."

Además, no les interesa estudiar a culturas antiguas de otros países y hacer trabajos comparativos, a fin de hallar las semejanzas que permitan interpretar de mejor manera, en lugar de sólo utilizar los ojos cristianos medievales, es decir la historiada contada por los primeros españoles. Autor de libros como Edipo: un héroe del mundo occidental o Una civilización incivilizada, Kurnitzky sabe que Extravíos de la antropología mexicana es un estudio provocador, pero está dispuesto a discutir acerca de sus propuestas. "Los reyes de la antropología mexicana son muy arrogantes, no quieren discutir nada porque piensan que tienen toda la sabiduría, pero según yo, no." A su parecer, la investigación de lo prehispánico en nuestro país está un poco monopolizada por un grupo relacionado con el Seminario de Cultura Náhuatl, aunque también con algunos investigadores del INAH.

La reinterpretación de la historia

Con el descubrimiento del cero en la sociedad maya prehispánica, recuerda Kurnitzky, muchos investigadores brincaron de alegría, sin analizar que esa cifra no se utiliza de la misma forma en nuestro tiempo, "porque el cero en maya estaba relacionado con el cielo, la mujer o la luna, cosas concretas no números abstractos, como tenemos en el occidente." Este es un ejemplo ofrecido por el investigador al reflexionar sobre la necesidad de mirar de nueva cuenta al pasado prehispánico, de redimensionar algunos aspectos que resultan fundamentales hoy día. "Hay antropólogos mexicanos que rechazan de manera rotunda la idea del sacrificio humano, para no ser considerados como descendientes de caníbales, pero en todo el mundo fue así." El concepto usado por los antropólogos mexicanos, asegura, es cristiano y en vez de sacrificios hablan de ofrendas. Eso tiene que ver con una herencia colonial, porque nunca investigaron la mente de los españoles que llegaron a México, con un pensamiento medieval, con el cual interpretaron a aquellos pueblos.

"La antropología mexicana está equivocada: rechaza profundamente el sacrificio como el centro de las culturas, no busca entender esa lógica, y por eso llega con los ojos occidentales. Lo más preocupante en los antropólogos mexicanos es que interpretan como los primeros evangelistas y españoles que llegaron con sus ideas bárbaras de todo lo que no era cristiano." En ese mismo ámbito de crítica a su método de trabajo ubica a la relación con los mitos, porque los antropólogos los ven como historia real: "hay que analizarlos y no tomarlos directamente como historia." Ahí también se encuentra la historia oral, pues piensa que no debe valer como si fuera un testigo directo, si no que se trata de una fuente muy dudosa, que puede tener intereses, como fue el caso de los cronistas de Indias, "todos trabajadores del reino español que, seguramente, escribieron lo que les pedían. A las crónicas también hay que interpretarlas."

A partir de su trabajo, Kurtnitzky está abierto a comenzar una discusión abierta con los estudiosos mexicanos, ya sea Miguel León Portilla, Alfredo López Austin o Eduardo Matos Moctezuma. Lo importante es ofrecer una visión más real de nuestro pasado, porque hasta en los museos se repiten muchos de las contradicciones, a donde llegan "los jóvenes, anotan todo lo que ven y se van con una interpretación errónea", asegura.

EL UNIVERSAL
Sacrificios prehispánicos
23 de octubre de 2007


Ramón Cota Meza

Por curiosidad consignamos la reconsideración académica de los sacrificios humanos prehispánicos, anunciada hace un mes con circunspectas declaraciones y un seminario internacional en la ciudad de México. Para los especialistas es un tema interesante por derecho propio; para muchos otros lo es por mera curiosidad. Conclusiones académicas anticipadas asimilan los sacrificios prehispánicos al sacrificio de Jesús, lo que resulta polémico a todas luces.
Dicho sea de paso, el prolongado silencio de los expertos mexicanos sobre el tema es en sí mismo un asunto de historia intelectual. Pues el sacrificio humano está en el centro de todas las sociedades arcaicas y, de manera simbólica, en el desarrollo de la cultura y la civilización occidentales después de Cristo, así que no puede ser ignorado. El estudio del mundo prehispánico a partir del sacrificio podría modificar las ideas corrientes sobre esas sociedades.
Un antecedente de esta reconsideración es el libro Extravíos de la antropología mexicana, de Horst Kurnitzky (Fineo editorial, México, 2006), crítica franca y veraz de la omisión y trato incidental del tema, rigurosa exposición de los conceptos científicos y filosóficos en la materia e hipótesis coherentes con la evidencia presentada. Una conclusión de Kurnitzky es que el mito fundacional de la nación mexica podría obedecer a un esquema edípico clásico.
Su evidencia principal es el Teocalli de la Guerra Sagrada (Museo Nacional de Antropología), figura tendida bajo el agua, de cuyo pecho abierto emerge un nopal con un águila posada y el glifo de la guerra en el pico. La figura representa a Cópil, hijo de Malinalxóchitl, hermana mayor de Huitzilopochtli, la que habría sido desterrada por cometer crimen grave o incesto con su hermano. Instigado por su madre, Cópil regresa a matar a Huitzilopochtli, pero éste lo mata antes y lo arroja al lago.
Al explicar la propensión universal al sacrificio en pulsiones, miedos y deseos arraigados en nuestro instinto de supervivencia, Kurnitzky suena algo determinista, mientras que su distinción entre los sacrificios arcaicos y el de Jesús no es del todo clara. En este último punto tiende a coincidir con los académicos mexicanos, si bien éstos van más allá al presentar el sacrificio de Jesús como idéntico a los sacrificios prehispánicos.
René Girard tiene mucho que decir al respecto en cualquiera de sus libros (El chivo expiatorio, La violencia y lo sagrado, Veo a Satán caer como el relámpago, La ruta antigua de los hombres perversos), donde no se cansa de subrayar la diferencia principal: “En los relatos míticos las víctimas de la violencia colectiva son consideradas culpables (…) mientras que en los relatos bíblicos y evangélicos esas víctimas son consideradas inocentes”.
La importancia antropológica del proceso que los evangelios ponen de relieve —dice Girard— es el apasionamiento mimético contra una víctima única. El deseo mimético (el deseo de ser tan poderoso como otros o tener sus bienes y fortuna) incita la guerra de todos contra todos y una ansiedad colectiva que sólo se apaciguará con el sacrificio de una o más víctimas. Jesús rompe este ciclo de violencia homicida al aceptar su propio sacrificio, oponiendo un mensaje de amor y redimiendo así a todos los sacrificados.
Para Girard, “la fuente principal de la violencia entre los hombres es la rivalidad mimética, que no es accidental, pero tampoco fruto de un ‘instinto de agresión’ o de una ‘pulsión agresiva’ (…) Lo que Jesús nos invita a imitar es su propio deseo, el impulso que lo lleva hacia el fin que se ha fijado: parecerse lo más posible a Dios Padre (…) La mejor manera de prevenir la violencia no consiste en prohibir objetos o el deseo de emulación mismo (…) sino en proporcionar a los hombres un modelo que, en vez de arrastrarlos a las rivalidades miméticas, los proteja de ellas”.
Estas ideas han ido ganando cada vez atención en el mundo, aunque muchos intelectuales las objetan por ser explícitamente cristianas, como si eso las volviera anticientíficas. En realidad, el cristianismo de Girard es la conclusión de una investigación científica, la cual arroja nueva luz sobre los orígenes de la cultura, siendo consistente con la teoría de la evolución de las especies de Darwin.