Reseñas de "Extravíos de la antropología mexicana"



Revista Letras Libres
EXTRAVÍOS DE LA ANTROPOLOGÍA MEXICANA, DE HORST KURNITZKY
Abril de 2007

Por Ramón Cota Meza

Extravíos de la antropología mexicana, de Horst Kurnitzky, es una severa crítica a la antropología y la historiografía mexicanas del siglo xx por sesgar, evadir u omitir el tema de los sacrificios humanos en el mundo prehispánico, en particular entre los aztecas. La causa de tal extravío es la colaboración de antropólogos e historiadores en la creación de un mito de unidad nacional al servicio de la oligarquía surgida de la Revolución Mexicana. La investigación antropológica e historiográfica mexicana del mundo prehispánico no es científica: es un pretexto para ocupar puestos y recibir distinciones oficiales. Los científicos sociales mexicanos han sido incapaces de examinar críticamente los testimonios del pasado, prolongando así la distorsión introducida por los españoles, a su vez incapaces de imaginar relaciones sociales distintas a las propias. Pero no se trata de criticar a los españoles sino a quienes valoran sus testimonios de manera literal, como los creyentes en las leyendas bíblicas valoran el éxodo de Moisés y el imperio del rey David.
El extravío se manifiesta en llamar “ofrendas” u “occisiones rituales” a los sacrificios humanos y, peor aún, en no integrar su práctica a la cultura como un todo. Los sacrificios prehispánicos no eran incidentales, sino que estaban en el centro de la cultura, como lo estuvieron entre los mesopotámicos, los egipcios, los judíos, los griegos y tantos otros, incluyendo la civilización cristiana, cuyo centro es el sacrificio de Jesús. Al rehusarse a comparar el mundo prehispánico con otras culturas a partir de esta práctica ritual, los antropólogos mexicanos le niegan lo que tiene en común con ellas. En vez de una cultura real, presentan una cosmogonía fantástica. Además se han olvidado de interpretar la proyección de la vida social en la mitología.
El sacrificio, la lucha contra él y las muchas sustituciones resultantes constituyen el hilo conductor de la historia humana. Es una práctica universal porque toda organización social necesariamente pone límites a la libertad de sus miembros. El sacrificio ocupa el centro del mundo de las ideas y de la praxis social, y es el punto de partida de los mitos y cultos que garantizan la cohesión y la reproducción social. Tiene su correlato en el sacrificio de los deseos pulsionales y la dominación de la naturaleza.
Del culto sacrificial surgió todo y en él hay que buscar el origen mítico y real de las culturas. Junto con el culto sacrificial, el mito es el primer mecanismo para ilustrar y conocer la naturaleza de un mundo desconocido. A la ambivalencia entre el imperativo del sacrificio y la tendencia natural de la pulsión a escapar de él se debe el engrandecimiento de toda cultura. Una antropología que no se ocupe de este principio falla rotundamente.
La cosmogonía mexicana habla de diosas madre, desde Coatlicue a Coyolxauhqui, y de su destrucción por dioses masculinos; pero la antropología no se ha planteado el conflicto vital que esto refleja. Al parecer, los aztecas vivían llenos de miedo ante las fuerzas de la naturaleza, las cuales eran identificadas con las mujeres por su poder para engendrar vida. Los rituales con sacrificios femeninos nutrían la esperanza de controlar la regeneración de las plantas y dar a los hijos la fuerza para la guerra y la muerte de los enemigos.
Es posible pensar que el miedo de los aztecas a no poder encender el fuego nuevo, a que el Sol no regresara y que las mujeres se convirtieran en devoradoras de hombres, se originó en una catástrofe real, acaso una erupción volcánica que sepultó a alguna civilización y oscureció el cielo por mucho tiempo. Así, cuando en un tiempo remoto la catástrofe se repitió después de 52 años, la amenaza pudo haber despertado en la memoria visiones apocalípticas y generado deidades protectoras que se tradujeron en cultos y rituales contra la repetición del desastre. Hoy sabemos que los primeros calendarios se basaron en la repetición de catástrofes naturales.
Es difícil entender por qué los antropólogos mexicanos han evitado estudiar las relaciones entre los sexos, el sistema de parentesco, los ritos de iniciación, la herencia y la propiedad personal y colectiva, y su importancia para la organización social de las tribus o clanes, como lo hizo Claude Lévi-Strauss al estudiar las culturas tribales de Brasil. La sucesión entre los aztecas era matrilineal y probablemente estaba en tránsito hacia una patrilineal. Moctezuma fue sustitudo por Cuitláhuac, y éste por su sobrino Cuauhtémoc, unidos por sucesión matrilineal.
Un mito clave puede ser el representado por el Teocalli de la Guerra Sagrada (en el Museo Nacional de Antropología e Historia). Es una figura tendida bajo el agua, de cuyo pecho abierto emerge un nopal, sobre el cual está posada un águila, de cuyo pico sale el glifo de la guerra. Según la leyenda, la figura representa a Cópil, hijo de Malinalxóchitl, hermana mayor de Huitzilopochtli, pero no identifica al padre. Malinalxóchitl habría sido desterrada por haber cometido un crimen grave o un incesto con Huitzilopochtli. Cópil, instigado por su madre, regresa a matar a Huitzilopochtli, pero éste lo mata antes y lo arroja al lago. El mito fundacional de la nación mexicana, podría ser un esquema edípico clásico.
Éstas son algunas de las ideas e hipótesis de este fecundo libro polémico. En su presentación, un estudiante comentó que había aprendido más ahí que en cuatro semestres en la escuela de antropología. Horst Kurnitzky es autor de La estructura libidinal del dinero, Edipo, un héroe del mundo occidental, Vertiginosa inmovilidad, Retorno al destino, Una civilización incivilizada, y de numerosos ensayos, exposiciones y las películas El tiempo de nadie y El eco. ~

Revista: Argumentos, mayo-agosto 2007
UAM-Xochimilco, México.
Reseña de libro: EXTRAVÍOS DE LA ANTROPOLOGÍA MEXICANA
por Horst Kurnitzky

Darío González Gutiérrez

La disyuntiva entre ciencia y política fue planteada ya por Max Weber mientras la primera tiene como objetivo explicar la realidad, la segunda se propone la toma y conservación del poder. Son dos fines distintos e incompatibles. Pero en México la política, con su ideología nacionalista, ha irrumpido en el campo de la antropología. Así lo muestra el "francfortiano" Horst Kurnitzky: señala que los intelectuales al servicio del Partido Revolucionario Institucional (PRI) han establecido una falsa interpretación del mundo prehispánico, para simular la existencia de un pasado grandioso y exaltar el orgullo nacional. Esto no es algo nuevo, Eric Hobsbawm también analizó la interferencia de la política en la historia, y señaló la responsabilidad que tienen los intelectuales de refutar los mitos patrios. Y así lo hace Kurnitzky, quien nació bajo el nacional socialismo alemán y vivió durante su infancia sus terribles consecuencias bélicas; conocedor de los nacionalismos, los desenmascara cuando irrumpen en la ciencia.
El autor muestra que la antropología mexicana promovió la falta de rigor científico para construir un pasado fantástico y heroico; por ello no analiza el origen mismo de la civilización: el sacrificio humano. Conocidas son las prácticas sacrificiales de las culturas prehispánicas, sin embargo, no son exclusivas de éstas y no habría por que ocultarlas: el sacrificio humano es el fundamento de todas las civilizaciones, es universal. Pero la antropología mexicana encubre este hecho bajo eufemismos como "ofrendas" u "occisiones rituales"; al negar el centro mismo del origen y la reproducción social, obstruye cualquier posibilidad para desarrollar teorías que expliquen a la cultura; sustituye a la ciencia por el mito y la historia épica. Entonces, su fin no es la comprensión de los procesos culturales, sino el control político mediante la exaltación del pasado nacional.
Por ello, la antropología mexicana no utiliza el método comparativo para acercarse al estudio del mundo prehispánico mediante el análisis de normas y regulaciones sociales que aparecen en otras culturas. Además, las fuentes históricas que toma no tienen validez científica: se ha conformado con transcribir —casi literalmente- las narraciones de los conquistadores. Pero la limitación intelectual de los aventureros provenientes de la España católica y medieval —que no participó en el Renacimiento— no sólo les impidió interpretar otras culturas sino que abiertamente las rechazaron. Las consideraron diabólicas e hicieron todo lo posible por ocultar su existencia; adaptaron la descripción del mundo prehispánico a su lógica occidental, y así le adjudicaron no sólo modos y costumbres cristianas, también una organización social similar: un sistema patriarcal compuesto por familias monogámicas, y grupos divididos que realizaban funciones bien determinadas -guerreros, sacerdotes, mercaderes, etcétera. Asimismo, reestructuraron la lengua náhuatl según las leyes de la gramática latina y compusieron versos románticos adaptados a la métrica europea. Para Kurnitzky, tomar como propio de los prehispánicos estas formas de organización social y expresiones lingüísticas constituye un grave error.
El mundo prehispánico fue algo muy diferente a lo descrito por los conquistadores y repetido por la corriente dominante de la antropología en México. En él no existían las divisiones sociales de occidente, se trataba de culturas con otra lógica, eran teocráticas: giraban en torno a la religión y no tenían una separación entre los mundos sagrado y profano. Su concepción del tiempo era circular y no lineal, como la de los occidentales; así, no es posible que su lengua contara con los tiempos verbales latinos. Además, es muy probable que estuvieran organizadas en tribus matrilineales estructuradas en hermandades, clanes o genes, donde hombres y mujeres vivían separados, no en familias monogámicas comandadas por los padres.
Ante todos estos extravíos, Kurnitzky propone métodos alternativos de investigación como la hermenéutica, útil para desentrañar los "prejuicios y las visiones del mundo" (p. 28) que impidieron a los conquistadores entender a las culturas prehispánicas. Otro método que recomienda es el de Giovanni Morelli: "consiste en poner mucha atención a los aspectos marginales, a huellas o indicios, a elementos aparentemente de poca monta como, por ejemplo, la forma en que fueron pintadas las orejas, las manos, los pies, o los detalles que se repiten" (p. 66). Lo utilizan los criminólogos para encontrar pistas en sus investigaciones y los historiadores para analizar obras de arte. Kurnitzky también sugiere el uso del psicoanálisis para interpretar los mitos -algo que él mismo ha realizado a lo largo de su producción científica. Ésta disciplina permite analizar cómo los grupos sociales proyectan sus miedos y aspiraciones en zagas heroicas; de esta forma, se pueden desentrañar sus conflictos internos y los motivos que los llevan a emprender misiones civilizadoras. En el caso que aquí nos ocupa, el autor se vale del psicoanálisis para interpretar el mito fundacional de México-Tenochtitlan con base en una fuente de primera mano: el monolito Teocalli de la guerra sagrada. Así, indica que se origina con un sacrificio humano, y hace una analogía con el mito de Edipo para mostrar que también la zaga mexica expresa un fracaso para sustituir al sistema matrilineal por uno patrilineal. Entonces, la figura mítica del águila y la serpiente -utilizada por la antropología mexicana- no tiene relevancia alguna para explicar la fundación de México-Tenochtitlan; se encuentra en culturas de todo el mundo y pudo ser introducida por los mismos españoles. Simplemente representa "el conflicto universal entre los sexos" (p. 64): la victoria del poder masculino y celestial (el águila) sobre el femenino y terrenal (la serpiente). Con esta obra, Kurnitzky continua despertando polémica y revelando verdades incómodas para la corriente dominante. Su aportación promueve, principalmente, el uso de la teoría del sacrificio, el psicoanálisis y el método científico para contrarrestar a la "mitomanía" y "cosmogonía" prevalecientes. Con esta propuesta, la antropología mexicana avanzará por nuevos derroteros para el estudio de nuestros orígenes y antecedentes.

Extravíos de la antropología mexicana y encuentros con la ficción.

Roberto Domínguez Cáceres

El ensayo de Kurnitzky centra su discusión en un análisis que invita a reflexionar sobre una sospecha que todos hemos tenido alguna vez ¿Y si el pasado no es como lo construyeron quienes sobre él han trabajado? La discusión sobre el pasado como construcción atraviesa no solo el campo de las ciencias más o menos exactas como la etnografía, la antropología, la historia o la literatura. La mayor diferencia que he de citar, pues no es mi intención aquí abordar esta coincidencia, es la pretensión que cada disciplina ha tenido al emplear métodos diversos en la construcción, en la reconstrucción, en la invención o en la magnificación del pasado.

El aporte más evidente, de los muchos que tiene esta bien cuidada, bella e ilustrada - en ambos sentido, porque es sabia y por que tiene imágenes - es la crítica a la antropología mexicana como una ciencia, o una actividad, que pretendiendo ser exacta, tal como lo dice Kurnitzky nos ha proveído de excelentes inventos, cuentos, ficciones rebosantes de nacionalismo y orgullo nacional, pero ha carecido de una autorreflexión, de auto estudiarse en comparación con otras disciplinas o con otras prácticas de la antropología en otras latitudes.

Vista desde el ensayo que hoy presentamos, la antropología queda descrita como un apéndice de la robusta y espléndida literatura mexicana. Pero en este caso tal regeneración no favorable, pues la pretensión con la que la Antropología ha construido el relato del pasado mexicano, como carece de una hermenéutica del pasado, carece de una reflexión sobre la distancia con el objeto de estudio, pero sobre todo oculta en una eficiencia política su carencia constructiva. Sí, pues en toda indagación del pasado, como dice Marguerite Yourcenar, ya que todo monumento resulta falso, hay que tratar de que por lo menos los ladrillos con los que se construye sean verdaderos. El argumento centra, creo yo, es la adolescencia de la antropología: no solo porque no ha madurado, sino porque registra una enfermedad crónica, que en su reconstrucción del pasado, elidió la reconstrucción del receptor de las historias que recabaron de sus fuentes y no acotó la reconstrucción que hizo de la información recibida.

La demostración es contundente:
"Cuando los historiadores actuales nos aseguran que al leer los códices han identificado un vocabulario de substantivos adjetivos e incluso con verbos y formas adverbiales, esto es que han leído los códices como si estuvieran en lengua europea, entonces se genera la duda de si en verdad las fuentes relatan la épica o la historia de una cultura prehispánica y no más bien las mitologías purificadas, acondicionadas y, en parte, elaboradas por los mismo misioneros; mundos altamente extraños apartados del uso doméstico de la familia cristiana" (Kurnitzky, 2006, 26)

Además continúa diciendo que la antropología no ha hecho esfuerzos suficientes para estudiar la visión del mundo que los españoles traían consigo al llegar a América. Agrega que (cito) "La antropología mexicana se ha extraviado al desconocer o conceder escaso a las consecuencias que tuvo el que los españoles del siglo dieciséis fueran incapaces de comprender, o al menos , de salvaguardar las fuentes prehispánicas. Para aproximarse a las interpretaciones del mundo indígena que los conquistadores dejaron plasmadas en sus crónicas y relaciones fantásticas, es necesario partir de una muy clara visión del mundo que tenían los españoles; no sólo la lógica de su lengua, sino de la lógica de su cultura total. En esta tarea la hermenéutica, disciplina que se ocupa en investigar los prejuicios y visiones del mundo que influyen en el entendimiento de otras culturas.., podría ser muy útiles a la antropología" fin de la cita (Kurnitzky, 2006, 28)

El planteamiento nos parece preciso: más que de los conquistados, los antropólogos han sostenido y valorado el testimonio y la proyección de la visión del mundo de los conquistadores. Además han basado la construcción de un pasado mexicano sobre una lectura europeo-centrista española medieval poco renacentista, adjetivos todos puestos por el autor con tino y certeza. Así, la crónica es de la conquista, pero no de los conquistados, el mundo es el de los vencedores pero no hay allí visión de los vencidos que quepa. Y la advertencia que hace el autor insoslayable: la hermenéutica servirá para corregir y releer el papel que han tenido los prejuicios en esas elaboraciones. A la antropología le falta decir "confieso que he leído", que no he visto sino construido sobre mis prejuicios aquello que luego se ha tratado como equivalencia del pasado.

El extravío, que de suyo implica perder el primer destino, no anula el camino. Toda interpretación es de un texto, y la ciencia que nos enseña a encontrarle sentido al extravío es la hermenéutica. Pues nos enseñará más de lo pensaron, vieron y desearon ver y dar a conocer aquellos que hicieron el relato del pasado. Pronto, Kurnitzky nos revela en este ensayo que los hechos, lo fidedigno de ellos, no se puede extraer de una excavación o de una fuente o de un informante si no se acompaña tal hallazgo con una buena dosis de hermenéutica antropológica, de estudios culturales comparativos, de tiento y sobre todo de perspectiva textual.

Recordemos que la historia es un género literario y como tal debe ser tratado, pues comparte no solo recursos de la narrativa, la epopeya, la descripción, la metáfora y la prosopopeya por decir los menos. Sino porque es un resultado de la imaginación. O más precisamente, que el texto histórico se vuelve así por un vaiven en que el lector ha de decidir qué es histórico y qué más novelesco, pues ficcional de sí lo es todo escrito con una intención de reconstruir el pasado, sus actores, su circunstancia y su proyección. Estaremos entonces, como lo apunta el ensayo, en posibilidad de pedirle a la antropología una necesaria hermeneútica de su propia construcción del pasado.
Considero que uno de los muchos valores y aciertos de este ensayo es proponer caminos nuevos de aproximación a la realidad, en este caso a la de la Historia, que desde la antropología se pudiera obtener, siempre y cuando se corrigiera el rumbo: no ver el pasado descubierto, sino analizar el catalejo con que lo indagamos. Por ello comparto ampliamente la visión del maestro Kurnitzky cuando nos advierte esta necesidad de encontrar el camino señalando los desvíos.
El método y sus recursos, como advierte Descartes, no asegura la precisión, sino una forma de construir aquello que descubrimos. Creo que de todas las actvidades intelectuales, ha sido la literatura la que mejore ejemplos me ha dejado de lo anterior. Por ello, como no soy antropólogo, sino consumidor de imágenes del pasado, épico mítico religioso de mi país, comos soy mexicano con una visión de la historia construida progresivamente desde los albores y sus diferentes compartimentos, como camino por el Museo de Antropología de sala en sala, al leer este ensayo descubrí lo que ya sospechaba, que nada hay más confiable que la imaginación. Que el problema inicia cuando cedemos a lamentación de considerar como única verdad aquello que es solo relato, imaginación.
Propongo entonces que se reclasifique, siguiendo el marco teórico de Extravíos de la antropología mexicana, el corpus de los trabajos de alguno antropólogos mexicanos como las primeras novelas de caballería escritas en América, o más bien, como una secuencia de la imaginación que el Nuevo Mundo, visto con los ojos viejos, arrojó sobre este Valle del Anáhuac cuya visión alfonsina me sigue pareciendo más certera que la cualquier museo de sitio. Ironizo aquí para poder ver más allá del panorama desde donde miro.
Advierto que el trabajo será muy redituable pues en vez de crónicas o verdaderas historias de la conquista o visiones, tendremos obras de teatro, autos sacramentales, historietas, zagas, églogas, novelas y hasta libros de comics para todas las edades y gustos. Habremos perdido alguna que otra verdad, pero ganaríamos una certeza robusta: la de ser herederos de nuestra propia imaginación, responsables de lo que hemos construido porque así convino a nuestra imagen de nación, de etnia o de país a lo largo del transcurso del tiempo.
La tarea no implica una reimpresión de las más de 3000 obras de este corpus desde Bernal Díaz, Sahagún o Matos Moctezuma, acaso simplemente el añadir una fe de conciencia que diga "en vez de Historia, novela: en vez de códice, memoria imaginativa, en vez de Reporte o Informe, cuentos del pasado…

Tal empresa no estaría completa ni sería prudente sino la acompañáramos de una nueva forma de leer el pasado: como imaginación productiva en el presente. No proponemos renunciar al conocimiento de los pueblos originarios, ni de sus costumbres y usos ( es decir de todo el empleo del que tal pasado ha sido objeto en la construcción del imaginario mexicano), sino renunciemos a la certeza como camino a la verdad. Adoptemos una visión como la que propone Kurnitzky: una mirada crítica para re dimensionar, es decir, volver a medir y pesar, el pasado.